Muchas de las experiencias vividas por nuestros antepasados, más allá de quedar como situaciones difíciles que les pidieron crecer como personas y así lo hicieron, han podido quedar atrapadas, encapsuladas en forma de trauma o dolor por no haber podido ser resueltas. Hicieron lo que pudieron y sus recursos quizás no eran suficientes, pero por eso no podemos culparles. Esa energía atrapada es un imán para el mismo tipo de vivencia, busca desesperadamente crear escenarios, realidades para expresarse y fluir. Se mueve de generación en generación en busca de una mirada tranquila de aceptación y de amor. Las historias que se repiten en nuestra familia son una bendición, un gran aprendizaje, un karma que nos persigue y no parará hasta mirarlo de frente y resolverlo con mucha paciencia y amor. Te atreves????